¿Qué es un “crismón”?
10 de enero de 2014
Paz y Justicia
3 de enero de 2014
Roma. 1 de
enero de 2014. Hora del Ángelus. Habla el Papa Francisco: «Ayer recibí una
carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia
familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y
me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y
decía, en fin, es hora de detenerse». Y el Papa se detiene, mira a la gente que
está en la Plaza... y prosigue: «También yo creo que nos hará bien detenernos
en este camino de violencia y buscar la paz».
Vaya, vaya,
vaya... a ver si el Papa nos está diciendo que vamos muy deprisa. A ver si va a
querer decir que pasamos por la vida pero no la vemos. A ver si está sugiriendo
que no dedicamos ni un minuto a pensar qué es lo que estamos haciendo... y
mucho menos a reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos. ¿Nos
sentimos responsables y protagonistas de la Historia -aunque sea mínimamente- a
través de nuestros actos, gestos y pensamientos... por acción u omisión?
¿A dónde
queremos ir? ¿Qué queremos hacer... o dejar de hacer? ¿Qué queremos cambiar?
¿Para qué? ¿Y cuándo? ¿Y por dónde vamos a empezar?
Volvemos a
Francisco... que le hemos dejado con la palabra en la boca: «Desde cada rincón
de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de
la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del
año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos
de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa.
Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la
humanidad, pero debemos comenzar en casa».
Se nos está
pidiendo una onda expansiva. Como esa piedra que cae en un estanque... y se
expande... y se expande... y se expande. Y se junta con otras ondas. Y altera
todo el “orden” de las aguas.
Busquemos
una paz que sea fruto de la justicia, una paz que sea fruto de la
solidaridad. Esta meta de la paz, sólo se alcanzará con la realización de
la justicia. Poniendo en práctica -sin descanso y allá donde estemos- las
virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para
construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor.
«La esperanza de nuestra felicidad»
23 de diciembre de 2013
Corría el
año 2002... y un señor arzobispo, de nombre Jorge Mario Bergoglio envía a sus
diocesanos este Mensaje de Navidad: «En esta Navidad vuelvo a pensar que toda
persona tiene derecho a la felicidad y que llevamos dentro de nuestro corazón
una chispa de fuego, de esperanza que nos orienta hacia esa felicidad. No
siempre lo creemos, nos parece que no podemos alcanzarla.
Pero
recordemos que Jesús nace en un momento oscuro de la historia. Su pueblo estaba
bajo el dominio del imperio. En su época se mataron inocentes y sin embargo Él
trajo la esperanza de que la felicidad es posible». El Mensaje continuaba...
pero... te lo contaré más tarde.
Un año más
tarde... acabando su homilía de Nochebuena en la Catedral de Buenos Aires,
decía lo siguiente: «En esta noche santa les pido que miren el pesebre: allí
“el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”... pero la vio el
pueblo, aquél que era sencillo y estaba abierto al Regalo de Dios. No la vieron
los autosuficientes, los soberbios, los que se fabrican su propia ley según su
medida, los que cierran las puertas. Miremos el pesebre y pidamos por nosotros,
por nuestro pueblo tan sufrido. Miremos el pesebre y digámosle a la Madre:
“María, muéstranos a Jesús”».
Y, años más
tarde, en el diario La Nación, arrancaba un artículo navideño con el siguiente
párrafo: «En una viñeta publicada recientemente, una nena le contaba a su amiga
que, para esta Navidad, les había pedido a sus padres que no le regalaran
juguetes sino “espíritu navideño”, y que sus padres quedaron desconcertados,
sin entender ni saber qué hacer. El mensaje me pareció muy agudo y ciertamente
nos plantea la pregunta: ¿qué es el espíritu navideño?»
¿Dónde
estará ese “espíritu navideño”? El Cardenal Bergoglio nos animaba a
encontrarlos en el relato. En el Evangelio de Lucas, capítulo 2. Versículos del
1 al 7. Esos que comienzan con «En aquella época apareció un decreto del
emperador Augusto...» y «...porque no había lugar para ellos en el albergue».
Leamos de
nuevo el relato y contemplemos la escena. Con espíritu de esperanza y de paz,
-auténtico espíritu navideño- pensemos en todos los hombres y las mujeres,
creyentes o no creyentes, que andan el camino de la vida y, que buscan con
esperanza o desesperanza. Permitamos que brote el deseo de acercarnos, de
desear paz... y también de recibirla. Una paz que sea de hermanos... pues todos
lo somos. Una paz que sirva para construir. Una paz deseada y recibida que haga
posible que podamos reconocernos y reencontrarnos como hermanos... y
reconocernos en nuestro rostro que nos refleja creados a imagen de Dios.
Vuelvo al
Mensaje de 2002... Así terminaba: «Pensemos en todo lo que hicieron José
y María para que naciera Jesús: la esperanza de nuestra felicidad. Hagamos
entonces nosotros, en esta Navidad, lo mismo por los demás».
En esta
“esperanza de nuestra felicidad”... y en el encargo recibido de llevarla a
otros... encuentro yo el “espíritu navideño” ¡Feliz Navidad amigos!
El origen de la tradición del Belén
13 de diciembre de 2013
«Yo hago nuevas todas las cosas»
7 de diciembre de 2013
Pues
mirad... voy por la tercera lectura de la Evangelii Gaudium. Una por
“obligación”, otra por “gusto”... y la tercera... “para ver qué os cuento”. Y
después de muchos folios... creo que -en mi humilde opinión- LO IMPORTANTE...
está en el último punto. El 288. Generalmente estas cosas de documentos
oficiales de los Papas y de los Obispos suelen acabar con un párrafo o apartado
dedicado a MARÍA... Tengo que reconocer que generalmente los leo “muy por
encima” (error funesto)... “con ganas de acabar” (las prisas nos pueden). Pero
esta vez ha sido distinto. Os copio el mentado número:
*************
Hay un
estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez
que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del
cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los
débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse
importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque
«derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,
52-53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es
también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su
corazón» (Lc 2, 19). María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en
los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles.
Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida
cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret,
y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para
auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1, 39). Esta dinámica de justicia y
ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un
modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal
nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para
todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. Es el
Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza
y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). Con
María avanzamos confiados hacia esta promesa.
*************
Y se me han
venido a la cabeza TODAS LAS MADRES que inventan lo que haya que inventar para
inventarse una sopa. Que por mal que estén las cosas no niegan una sonrisa y un
cariño a sus hijos. Que se multiplican por varios cientos para llegar a todo.
Que tienen claro qué es lo importante y qué es lo accesorio. Que, aunque no
sepan que “la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los
fuertes”... son fuertes. Que auxilian sin demora. Que ponen calidez. Que viven
la “dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás”.
Fíjate tú...
que a ver si lo que va a hacer falta para enderezar nuestra Iglesia, para
enderezar nuestro Mundo... va a ser esto. Muchos hombres y mujeres de esta
manera. Tan simple como que -para empezar- nos preocupemos más por servir... y
menos por ser servidos. Proponer esto, en el año 2013... me parece
absolutamente revolucionario y “antisistema”.
Que María
nos ayude. Yo también lo que pido con el Papa: “Que la Iglesia llegue a ser una
casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el
nacimiento de un mundo nuevo”.
Estamos en
ADVIENTO. El tiempo del nacimiento de lo nuevo. Vivámoslo como María. Confiando
y esperando. Y haciendo.
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