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Son molinos

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Paz y Justicia

3 de enero de 2014

Roma. 1 de enero de 2014. Hora del Ángelus. Habla el Papa Francisco: «Ayer recibí una carta de un señor, quizás de uno de ustedes, que contándome una tragedia familiar, sucesivamente listaba tantas tragedias y guerras hoy en el mundo. Y me preguntaba: ¿Qué sucede hoy en el mundo, que está llevando a hacer todo? Y decía, en fin, es hora de detenerse». Y el Papa se detiene, mira a la gente que está en la Plaza... y prosigue: «También yo creo que nos hará bien detenernos en este camino de violencia y buscar la paz».

Vaya, vaya, vaya... a ver si el Papa nos está diciendo que vamos muy deprisa. A ver si va a querer decir que pasamos por la vida pero no la vemos. A ver si está sugiriendo que no dedicamos ni un minuto a pensar qué es lo que estamos haciendo... y mucho menos a reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos. ¿Nos sentimos responsables y protagonistas de la Historia -aunque sea mínimamente- a través de nuestros actos, gestos y pensamientos... por acción u omisión?

¿A dónde queremos ir? ¿Qué queremos hacer... o dejar de hacer? ¿Qué queremos cambiar? ¿Para qué? ¿Y cuándo? ¿Y por dónde vamos a empezar?

Volvemos a Francisco... que le hemos dejado con la palabra en la boca: «Desde cada rincón de la tierra, hoy los creyentes elevan su oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada ambiente. Que en este primer día del año, el Señor nos ayude a encaminarnos todos con más decisión por los caminos de la justicia y de la paz. Comenzamos en casa ¡eh! Justicia y paz en casa. Entre nosotros ¡eh! Se comienza en casa y después se va adelante, a toda la humanidad, pero debemos comenzar en casa».

Se nos está pidiendo una onda expansiva. Como esa piedra que cae en un estanque... y se expande... y se expande... y se expande. Y se junta con otras ondas. Y altera todo el “orden” de las aguas.

Busquemos una paz que sea fruto de la justicia, una paz que sea fruto de la solidaridad.  Esta meta de la paz, sólo se alcanzará con la realización de la justicia. Poniendo en práctica -sin descanso y allá donde estemos- las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor.

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