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Txomin Pérez. Con la tecnología de Blogger.

Son molinos

Son molinos

Refranero y Santoral en marzo

27 de febrero de 2015

Pasar bajo el manto de la Madre

20 de febrero de 2015



Como manda la tradición -que quiero que dure muchos años- y la buena costumbre... en la tarde del 2 de febrero, Nuestra Señora de la Calle se llenó de un tropel de carritos de niño pequeño. Para pasar a las criaturas por el manto de «nuestra gloriosa Señora», como llamaba Santa Teresa de Jesús a la Virgen María. Para pedir protección para los pequeños y sus familias. Y muchos... para hacer con los hijos, lo que en su día hicieron con ellos.

Dice nuestro Obispo que esta “presentación de los niños en el Templo”, en la Fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el Templo... es uno de los actos  «más simpáticos y enternecedores» de la fiesta de la patrona de Palencia. Y yo estoy absolutamente de acuerdo con mi Obispo.

Un tropel de padres, madres y abuelos... para pasar bajo el manto de la Virgen María a los más pequeños «como signo sensible de la protección divina». Y dijo también, D. Esteban que «no se trata solamente de confiar a la Virgen María nuestros hijos, pues tenemos que ser también nosotros guardianes suyos» y que «la madre tiene que ser el centro del hogar con su ternura»... y que «el padre no debe cejar de sus funciones, no puede abandonar los niños al cuidado de la madre»... y que «los abuelos muchas veces tienen que hacer, supliendo la labor de los padres, de catequistas, de enseñar a los niños los fundamentos de vida y las primeras oraciones».

Madres... que -como dice el Papa Francisco- son las que transmiten la fe. Pues «una cosa es transmitir la fe y otra es enseñar las cosas de la fe». Y son las mujeres las que principalmente transmiten la fe. Porque «aquella que nos ha dado a Jesús es una mujer. Es el camino elegido por Jesús. Él ha querido tener una madre: el don de la fe pasa por las mujeres, como Jesús por María».

Padres... que deben saber transmitir también «la cercanía, la dulzura y la firmeza». Un padre presente, no ausente en la familia... «que sea cercano con la mujer, para compartir todo, alegría y dolores, fatigas y esperanzas, y que sea cercano a los hijos durante su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan en algo, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresa y cuando están taciturnos, cuando son atrevidos y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando reencuentran el camino».

Padres y madres “presentes” que no “controladores”... pues «los padres demasiado controladores anulan a los hijos, no les dejan crecer». Padres y madres pacientes... pues «muchas veces no hay que hacer nada más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia». Padres y madres que saben «atender y perdonar, desde lo profundo del corazón» ... pues corregir no es de ser padres débiles ya que «el padre sabe corregir sin desanimar y al igual sabe proteger sin descanso».

La familia. Fuente de toda fraternidad. Fundamento y camino primordial para la paz. Lugar privilegiado para transmitir la fe. Hogar. Calor. Amor.

Moisés Díez y el reloj de la Catedral

Asesinatos en la ermita del Otero

13 de febrero de 2015

Por San Francisco de Sales

3 de febrero de 2015



El pasado 24 de enero celebramos a San Francisco de Sales, Patrón de los periodistas. Y, me gustaría... que tu oración, vuestra oración... fuera también para ellos, para nosotros. Yo por mi parte, también pido para mis compañeros trabajo digno (que no están las cosas muy boyantes), salarios justos (que el trabajar gratis es bastante común en la profesión), buenas noticias (que las malas abundan)... y salero para contarlas con estilo.

Y os pido también que hagáis vuestra esta oración. Del Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo”. Primer periodista seglar elevado a los altares. Que nació en Linares (Jaén) el 9 de agosto de 1920; falleció el 3 de noviembre de 1971 y fue beatificado el 12 de junio de 2010.

Señor:
 
Pon en la frente de todos los que escriben, una proa que enfile el buen puerto que eres, y asegura a su nave un paisaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas.

Que a su vez, en el trato y al margen del oficio sean semilla noble de ejemplo y de ternura.

Que también acaricien mirando a los semáforos o en el coche o en el metro.

Que su poso de ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría.

Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago.

Si un milagro hace falta sea en los teclados, se les vaya pintando la imagen de su hijo o la de los amigos.

Que si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, su corazón sea bravo para decir la palabra; que sea clara y rotunda y, sobre todo, justa.

Le negarás el sueño, como también la sal y el pan de cada día, si sólo él puede hablar y calla por cobarde.

Tendrá que poner “robo” o “compasión”, o “hambre”, y lo dirá sin tentarle la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza.

Que de sus labios broten consejos como fuente de pueblo, que mana día y noche.

Si alguna ración doble hay que dar de optimismo, de amor y de esperanza, escánciala sobre ellos. Mensajeros de fe y de alegría.

Que escriban de rodillas cuando un hogar naufraga. Que no los tiente la prensa de colores -”negra”, “amarilla”, “rosa”-.

Un periodismo al sol, claro y limpio como tu luz dorada, sea tu guía.

Y, por último, tantas gracias ocultas de quejas aceptadas y rodillas que sangran, a ver si ellos, a ver si en ellos pueden que estén siempre en la brecha del sudor y el esfuerzo para que un hombre vaya por la acera o aprisa y se dé con tu rostro, que le sonríe entre líneas.

 

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