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Txomin Pérez. Con la tecnología de Blogger.

Son molinos

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Independencia

22 de septiembre de 2012

Pues resulta que el pasado 11 de septiembre -2.000.000 de personas según los convocantes, 1.500.000 según los Mossos y 600.000 según la Policía Nacional y la Guardia Civil-  se manifestaron en Barcelona para pedir la independencia de Cataluña.

Partiendo de la premisa de que cada uno es muy libre de sentir lo que desee sentir... y de que en democracia -siempre usando los cauces democráticos- pedir la Luna es completamente legítimo... me parece que vamos por mal camino. O por un camino muy superado por la Historia.

Al hilo de la IDENTIDAD, decía D. Julio Caro Baroja en uno de sus libros: «Si hay una identidad, hay que buscarla en el amor. Ni más ni menos. Amor al país en el que hemos nacido o vivido. Amor a los montes, prados, bosques, amor a su idioma y costumbres, sin exclusivismos. Amor a sus grandes hombres y no sólo a un grupito entre ellos. Amor a los vecinos y a los que no son como nosotros».
Sin exclusivismos. Sin señalar al otro. Sin ocultar, seleccionar o deformar la realidad histórica. Sin idealizar al propio pueblo, menospreciando los elementos foráneos. Sin atribuir todos los males a influencias exteriores. Sin saltarse todas las reglas del juego para destruir las instituciones que rigen en el momento por considerarlas impuestas por un poder tiránico y advenedizo... Todo ello para crear un estado nuevo frente a otro anterior, que es malo en conjunto.

Planteamientos del Siglo XIX... a comienzos del Siglo XXI. Y con la que está cayendo. Y repito. Legítimo es que la clase política -suponemos que haciéndose eco del sentir de la ciudadanía- pida la Luna. Pero echar un órdago a la grande... buscando ganar la chica de un nuevo régimen fiscal... está bien para el mus. Pero no para la política.

Decía también D. Julio: «Entre la gente común corre la idea de que el político es el hombre de las realidades, mientras que el intelectual es un idealista que fracasa, inexorablemente, cada vez que se mete en política. La verdad es que los que más fracasan en política son los políticos, y además se puede añadir que fracasan por dos extrañas razones que son intelectuales: la primera es que poseen o dicen poseer una ideología cerrada que nunca o casi nunca están dispuestos a rectificar. La segunda es que no tienen datos exactos acerca del mundo exterior, y cuando alguno los tiene pueden estar en contradicción con su ideología “oficial”».

Hago mías las palabras de Benedicto XVI: «el bien común universal abarca toda la familia de los pueblos, por encima de cualquier egoísmo nacionalista». Vivimos tiempo en los que la necesidad es más solidaridad, más unión, más humildad, más realidad... Más JUNTOS. No más SEPARADOS.

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