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Son molinos

Son molinos

Por San Francisco de Sales

3 de febrero de 2015



El pasado 24 de enero celebramos a San Francisco de Sales, Patrón de los periodistas. Y, me gustaría... que tu oración, vuestra oración... fuera también para ellos, para nosotros. Yo por mi parte, también pido para mis compañeros trabajo digno (que no están las cosas muy boyantes), salarios justos (que el trabajar gratis es bastante común en la profesión), buenas noticias (que las malas abundan)... y salero para contarlas con estilo.

Y os pido también que hagáis vuestra esta oración. Del Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo”. Primer periodista seglar elevado a los altares. Que nació en Linares (Jaén) el 9 de agosto de 1920; falleció el 3 de noviembre de 1971 y fue beatificado el 12 de junio de 2010.

Señor:
 
Pon en la frente de todos los que escriben, una proa que enfile el buen puerto que eres, y asegura a su nave un paisaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas.

Que a su vez, en el trato y al margen del oficio sean semilla noble de ejemplo y de ternura.

Que también acaricien mirando a los semáforos o en el coche o en el metro.

Que su poso de ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría.

Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago.

Si un milagro hace falta sea en los teclados, se les vaya pintando la imagen de su hijo o la de los amigos.

Que si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, su corazón sea bravo para decir la palabra; que sea clara y rotunda y, sobre todo, justa.

Le negarás el sueño, como también la sal y el pan de cada día, si sólo él puede hablar y calla por cobarde.

Tendrá que poner “robo” o “compasión”, o “hambre”, y lo dirá sin tentarle la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza.

Que de sus labios broten consejos como fuente de pueblo, que mana día y noche.

Si alguna ración doble hay que dar de optimismo, de amor y de esperanza, escánciala sobre ellos. Mensajeros de fe y de alegría.

Que escriban de rodillas cuando un hogar naufraga. Que no los tiente la prensa de colores -”negra”, “amarilla”, “rosa”-.

Un periodismo al sol, claro y limpio como tu luz dorada, sea tu guía.

Y, por último, tantas gracias ocultas de quejas aceptadas y rodillas que sangran, a ver si ellos, a ver si en ellos pueden que estén siempre en la brecha del sudor y el esfuerzo para que un hombre vaya por la acera o aprisa y se dé con tu rostro, que le sonríe entre líneas.

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