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Txomin Pérez. Con la tecnología de Blogger.

Son molinos

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Botellón

12 de julio de 2013



Recientemente hemos sabido que el Ayuntamiento de Palencia está enviando cartas a los padres del menor que sea sorprendido consumiendo alcohol en la vía pública... anunciándoles que si reincide podrá ser multado con hasta 300 €. Asimismo, el Ayuntamiento cifra los costes que se derivan del botellón en unos 50.000 € al año a las arcas municipales, y afirma recoger hasta 1.500 kg. de residuos cada día del fin de semana.

El asunto del botellón es un reto para una sociedad adulta que censura el consumo de alcohol por parte de los menores... y que, sin embargo, no consigue cambiar estos hábitos. Es un reto para una sociedad que cree que a la juventud se le puede adormecer. Es un reto para un sistema educativo que fracasa estrepitosamente y que tiene serias dificultades en proporcionar valores que perduren. Es un reto para familias e instituciones. Pero también un reto para unos jóvenes, que no consiguen que sus deseos de vivir, sus ganas de hacer cosas y sus sueños de ser felices... consigan abrirse camino en un mundo adulto.

Tiene el botellón mucho de conquista de calle por los jóvenes, mucho de charla y amistad, mucho de alegría y expresión sincera... y tiene -también- alcohol y desmadre.

Creo que es necesaria una juventud que incomode a los adultos, porque esto forma parte de la vida y porque es bueno que los jóvenes estén activos y provoquen a su entorno... Partiendo de esto... si alguien cree que la presencia policial va a ser disuasoria se confunde: lo único que conseguirá es llevar el botellón a otro sitio.

El botellón es una expresión de presencia de los jóvenes de nuestros días, que será/es criticable, pero no debemos menospreciar, porque tiene una profunda lectura que nos habla de los deseos, sentimientos e insatisfacciones de los jóvenes de hoy. Puede haber detrás del botellón una llamada provocadora... a los padres y madres, a las instituciones, al sistema educativo, al modelo de ocio, a la Iglesia... Puede haber detrás deseos de participar, deseos de ser tenidos en cuenta, deseos de otras formas y maneras.

Dijo Juan Pablo II que los jóvenes son “Centinelas de la mañana”. Los que hacen botellón también. Y tengo claro que según sean “los centinelas” será “la mañana”. Ni más ni menos. Los adultos -sobre todo- debemos querer a los jóvenes, esforzarnos en comprenderles y después... exigirles.

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